
Los últimos días de embarazo se me están haciendo eternos, cargados de lentas horas y espaciosos minutos difíciles de ocupar. Físicamente m cuerpo se ha convertido en un desconocido descomunal al que le cuesta moverse con soltura. Las habilidades han desaparecido de mis manos, que torpes son incapaces de sujetar cualquier cosa, y siento extrañeza de cualquier pasado de mujer ágil y desenvuelta. Pero el cambio más abismal se está produciendo en mi mente, que permanece aislada en un estado nebuloso en él que se mecen los movimientos de mi hijo, con mis sensaciones y nuestro particular vínculo en una experiencia única imposible de trasmitir.
Ya no cuento la espera en semanas, ya solo quedan prolongados días que tacho en el calendario con ímpetu al anochecer, suspirando por acortar el tiempo hasta el alumbramiento. Entonces, entro en la oscuridad de puntillas donde persigo el sopor en un duermevela incómodo de complejas posturas y movimientos. Los sueños, los miedos y la incertidumbre se alían en este adormecimiento superficial con el ansia de contemplar por fin, después de nueve interminables meses la cara de mi hijo y mudar para él el sostén de mi útero por mis brazos tan ávidos de acunarlo.
Vivo estos días en un mundo íntimo real y evidente solo para mí. En él me cuesta incorporar horarios, obligaciones, tareas y asuntos que resbalan por mi gran barriga sin saber donde aferrarse para captar mi atención. Intento anotar cada uno de los quehaceres diarios para no olvidar su cumplimiento, pero es un ejercicio en vano, porque después abandono los apuntes en cualquier sitio que soy incapaz de recordar.
Mi nuevo hijo se ha convertido en el centro de mi existencia, demasiado perceptible en mis entrañas como para aturdir cualquier otra mundana exigencia. Así que, por mucho que me esfuerce en no abandonar mi vida cotidiana, que tira de mí pretendiendo recuperarme, hábito en una ausencia remota donde me he retirado a saborear las sensaciones y emociones que continuamente percibo.
Sé que en él momento en que mi hijo nazca, cuando yo retome de forma progresiva mi vida y las relaciones con mi entorno, voy a añorar abismalmente su presencia dentro de mi. Porque, desde ese momento él dejará de ser una parte de mi organismo para convertirse en un ser único, individual y ya, para siempre, ajeno a mi.
…Así que en estos largos días también me recreo en este estado singular que tú, hijo mío, y yo compartimos, aislados y simbióticos, recluidos en nuestro universo dual.
Octubre 26, 2007 at 11:08 pm
Precioso post.
Me ha recordado sensaciones que he tenido, que tenemos muchas mujeres, y sin embargo, son únicas.
Como el nacimiento está cerca… que sea un parto feliz.
Un saludo.
Octubre 26, 2007 at 11:45 pm
Mientras tú dessarrollabas una nueva vida “indivi”-”dual” dentro de ti y experimentabas tantas cosas únicas e intensas por este tiempo circusncrito de tu embarazo, yo me he visto arrastrada por el otro extremo de la existencia actual de las mujeres: el trabajo excesivo (compulsivo?) para mantener el nivel necesario que nos exigen los empleos actuales, cada vez mas impúdicamente trenzados dentro de nuestra existencia íntima. No me siento orgullosa, pues he descubierto el engaño que significa eso de la “compaginar la vida laboral y personal” tan inocentemente de moda últimamente. Al final, todos los “gadgets” electrónicos que te ponen a tu disposición en tu domicilio en pro de esa “compaginación” acaban comiendose el tiempo con tu familia, amigos etc, si no estás muy vigilante (y aun así).
En cualquier caso, las mujeres cubrimos hoy un espectro amplisimo, que abraca desde tu estado actual, tan sencillamente biológico, hasta el mio tan artificial!
Suerte en esta recta final y que el parto se lo más rápido posible para que puedas acunar a tu bebé cuanto antes. Pensare mucho en ti, en alguna que otra noche que me queda de insomnio obligado. Un beso. Alba.
Octubre 27, 2007 at 3:47 pm
Hola,
muchas gracias por vuestros deseos. Os enviare noticias a través del blog.
besos
inma
Octubre 28, 2007 at 7:20 pm
¡Qué alegría saber de tí, Inma, y más en esta dulce espera! Disfruta (lo que puedas) el sabor de estos últimos días de esa criatura dentro de tí. Entiendo tu nostalgia, yo también echo de menos los movimientos de ese cuerpecillo inquieto por ganar libertad. Lo echo mucho de menos hasta que veo sus ojillos mirándome.
Besos,
Mariluz