mujerycelda.jpgEl prototipo de trayectoria laboral de la mayoría de profesionales cualificados de una empresa sigue un recorrido siempre ascendente, con una fase inicial de introducción, seguida de una fase de crecimiento profesional, que progresa, en general, hasta llegar a la madurez y finalizar en la maestría. Aunque este camino profesional habitual ha sido y es valido para los varones, la mayoría de la fuerza laboral de las empresas hasta hace poco tiempo, hay que reconocer que a nosotras nos resulta bastante complicado de seguir. Y es que, en el ciclo vital femenino, la maternidad irrumpe en nuestras carreras en el momento en él que se produce el mayor crecimiento profesional, entre los 30 y los 45 años, descarrilando generalmente la trayectoria que habíamos seguido hasta entonces. Porque no hay muchas madres que dispongan de recursos suficientes como para compaginar la maternidad y la exigencia de esa etapa profesional de manera exitosa.  

Por eso, desde hace un tiempo se viene hablando de las barreras que nosotras mismas nos ponemos impidiendo nuestro crecimiento profesional. Así ha surgido el término “techo de cemento” que describe el auto-bloqueo que nosotras establecemos para frenar nuestra progresión laboral. Decimos “no, gracias” a seguir una prometedora carrera de promociones, porque sabemos que cada una de ellas conlleva mayor entrega al trabajo y produce conflictos para ya nuestro difícil equilibrio entre las responsabilidades de la vida familiar y la vida profesional.

Rechazamos estos ascensos conscientemente para preservar nuestra dedicación familiar y nuestra propia salud. Lo hacemos a pesar de sentirnos preparadas, y mantener intacta nuestra ambición profesional y los deseos de desarrollo. Lo hacemos sabiendo que esta decisión afectará profundamente nuestro futuro laboral y probablemente, echará por tierra décadas de estudios y preparación. Es esta una barrera sobre la que meditamos mucho antes de decidir levantarla en nuestro camino. Cuando la construimos resulta imposible de salvar, quizá por ello resulta tan contundente, y se la conoce como “techo de cemento”.

Sin embargo, esta barrera auto-impuesta, tiene fecha de caducidad. Cuando nuestros hijos crecen y se puede relajar la atención que requieren en sus primeros años de infancia, muchas de estas mujeres vuelven a querer situarse en los lugares aventajados de su profesión y pisan de nuevo el acelerador para volver a coger velocidad en sus carreras. Lamentablemente, en muchas ocasiones, las empresas y la sociedad no toleran esta pausa profesional y las condenan a permanecer en la parada que ellas una vez eligieron.

Quizá sea hora de plantearse más tolerancia y respeto hacia esas trayectorias profesionales que con distintos ritmos y velocidades, incluso con detenciones puedan ser tan adecuadas y provechosas como la trayectoria al uso para empresas y sociedad. Quizá nos merezcamos otra oportunidad para crecer profesionalmente… Quizá debería hacerse un esfuerzo para no perder el talento de tantas profesionales dentro de las organizaciones… Quizá no debería penalizarse haber ejercido la maternidad de la mejor forma que pudimos….Quizá

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