PlanetasEn el mundo laboral las mujeres hemos dejado atrás un entorno de discriminación laboral abierta, sólida y manifiesta, como la existente veinte años atrás.  Pero, no nos engañemos pensando que hemos llegado a la igualdad ¡que va!.  Ahora nos enfrentamos a otro tipo de discriminación,  sutil, casi gaseosa, difícil de demostrar pero sobre todo compleja de abordar.

Hombres y mujeres tenemos muchas fortalezas y debilidades similares, pero también, otras muchas diferentes y hasta opuestas. Además la generación de los “60” que hoy vivimos la madurez laboral, tuvimos una infancia que distanció todavía más si cabe, nuestras peculiaridades de género.  Los varones tuvieron una educación, desde la familia al colegio, que de forma natural les potenció valores como la competitividad, el liderazgo, la lógica y la ambición.  Nosotras, por el contrario, fuimos educadas para captar y manejar los sentimientos, compartir trabajo en equipo y fomentar las relaciones humanas. 

Las organizaciones actuales, creadas y dirigidas por hombres de generaciones anteriores permanecen ancladas en unos cánones firmemente varoniles, y en ellas, nosotras seguimos siendo alienígenas buscando nuestro planeta. Nuestros jefes no nos entienden, y es que…también somos, para ellos, seres de otra “galaxia profesional”.  ¡Cómo no sentirse más identificados con nuestros compañeros varones!, con ellos pueden compartir racionalidad y asertividad a raudales,  y hasta tardes de padel, ó tertulias de fútbol. 

Nosotras, que no podemos comportarnos como hombres con falda y tacones, ya no intentamos  esconder nuestras emociones y valores personales….pero pagamos un precio: ¡cielos qué complicadas son estas mujeres! Piensan ellos. 

Por el momento, nuestro entorno permanece asimétrico y alejado de los contrastes que podemos incorporar al mundo laboral.  ¿Hasta cuando? me pregunto yo.  ¿Hasta que el sistema de cuotas haga obligatoria una participación en el poder, que merecemos por derecho propio?, ¿hasta que algún gurú de los negocios,  descubra que nuestras fortalezas son esenciales para el éxito de las empresas del siglo XXI? ó quizá hasta que nuestros amigos, compañeros y jefes empiecen a pensar que aunque diferentes, podemos habitar con ellos en el planeta de la igualdad, y nos dejen espacio para ello.  Esperemos que esta última opción sea la que nos haga aterrizar, cual cometa espacial,  en ese tan anhelado nuevo mundo.