MujerLa expresión “estar depre” ha entrado a formar parte del vocabulario común.  No nos sorprende que nuestras amigas, familiares, o compañeras nos confiesen que están “depres”.  Las mujeres fácilmente admitimos este estado emocional motivado por los problemas que nos acucian en nuestra vida.  Sin confundir este estado con el sombrío panorama que representa la depresión con mayúsculas, una enfermedad devastadora para nuestro panorama emocional, la “depre”  forma parte de la vida de muchas de nosotras.

…Y es que no es difícil sentirse fatigados por la lucha diaria, sufrir el insomnio de las preocupaciones, el peso de las obligaciones o el malestar unido al manejo de la sobrecarga que padecemos.  Después, cuando el fin de semana, las vacaciones o un placer inesperado alivian nuestro peso, fácilmente desaparece este estado como por arte de magia y sentimos que el optimismo se apodera de nuevo de nuestro ánimo para disfrutar del presente. 

  Pero ¿y nuestros colegas masculinos?, resulta difícil escuchar de sus labios que están “depres”, ¿será que no sufren de este mal común?, …¡por supuesto que si!, pero con diferente nombre, porque a ellos lo que les ocurre es que están “estresados”.  Un estrés que nace de la misma fuente y sigue el mismo cauce de cansancio, agobio por los deberes diarios e intimidación por las imposiciones de la existencia diaria que nuestra “depre”, pero… con una diferencia:¡estar estresados tiene una mejor imagen social!. 

La “depre” tiene connotaciones de debilidad, flaqueza o fragilidad, por eso no es fácil para los hombres admitir estar afectados por este mal.  El estrés por el contrario tiene connotaciones de fortaleza y esfuerzo.  La “depre” parece brotar de algún lugar profundo de nuestro espíritu, mientras que el estrés vendría motivado por la lucha diaria por la supervivencia,…¡nada que ver con los sentimientos!  

El modo de manejar estas emociones es también distinto.  Nosotras aceptamos la “depre” como compañera en nuestra existencia emocional.  Soltamos unas lágrimas o nos hundimos en quejidos hasta que nos abandona.  Los hombres silencian su suspiro intentando escapar de estos sentimientos ignorados. 

¿Por qué estas diferencias, me pregunto yo?¿Será porque para lo bueno y lo malo, las mujeres somos amigas de nuestras emociones y no nos asustamos ante ellas?.  Los sentimientos son admitidos en nuestro círculo con facilidad y las palabras se apoderan de ellos para comunicarlos en nuestro entorno.  Para nuestros compañeros esto resulta mucho más difícil desde la aparente fortaleza que tienen que aparentar a toda costa.  No sé, pero todo esto me hace pensar si la “depre” no será otra de nuestras debilidades femeninas que al final acaban siendo fortalezas, ¿no os parece?.