colores.jpgCreer en el destino ha sido una constante en la historia de la humanidad.  La religión o la ciencia desde explicaciones adversarias se han confabulado para hacernos creer que nuestra vida está predestinada desde el nacimiento.  Este determinismo, aunque limitante, resulta profundamente  liberador de nuestra máxima responsabilidad personal: conducir las riendas de nuestra existencia.  Pero vivir a expensas de la providencia, de nuestra carga genética ó de la fatalidad, es  como pensar en una existencia en blanco y negro que no vamos a ser capaces de colorear.

Uno de los paradigmas básicos universalmente aceptado por la Neurociencia era que los humanos moríamos con las mismas neuronas con las que nacíamos.  Creíamos que el desarrollo de nuestras capacidades venía determinado desde la cuna por la carga neuronal que contenía nuestro cerebro al nacer.  En este nuevo siglo, el  conocimiento ha dado un paso de gigante al descubrir que en el cerebro adulto se pueden crear neuronas nuevas.  Así, que ahora sólo nos queda decir adiós de forma definitiva al fatalismo y empezar a considerar nuestro potencial personal de crecimiento.

En nuestras manos está elegir vivir nuestra existencia en tonos grises o  intentar, con  voluntad, pintar en ella toda una paleta de colores.  El nacimiento de nuevas neuronas se relaciona con los retos que asumimos en la vida, y con el trabajo que dedicamos a conseguir nuestras metas.  Así, se ha descubierto en nuestros familiares, los primates, que cuando están sometidos a un entorno desafiante, que les hace poner en funcionamiento sus habilidades para sobrevivir, presentan un mayor  nacimiento de neuronas que cuando habitan en un ambiente protegido confinados  en jaulas.  Probablemente, esto nos ocurra también a nosotros los humanos.  Si somos capaces de perseguir fines que requieran un esfuerzo intelectual continuado podremos llegar a  desarrollar nuestras capacidades mentales mucho más que si nos dejamos llevar por un ambiente anodino de confort.  A su vez, el mayor crecimiento neuronal nos ayudará en el futuro a afrontar desafíos más complejos, y a progresar en nuestro desarrollo personal.

La creación neuronal en el cerebro adulto se establece, principalmente, en áreas relacionadas con el aprendizaje.   Por eso, el esfuerzo que invirtamos en el estudio, en la práctica de tareas desconocidas, y en la superación constante en nuestros oficios va a ir modelando y enriqueciendo nuestra mente.  De forma semejante al buen pintor que se afana por ir descubriendo los colores escondidos en un lienzo en blanco, si trabajamos por impregnar nuestra vida de desafíos personales, iremos encontrando fortalezas desconocidas en nuestro interior.   Ramón y Cajal, que descubrió la complejidad de las neuronas y sus enmarañadas conexiones, aunque ajeno al descubrimiento de la creación neuronal  en su época, creía firmemente en el potencial humano. El nos decía, en uno de sus discursos: “todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”.  Hoy, esta aseveración resulta más verdad que nunca, sabemos que somos capaces de crear una obra maestra pletórica de color en la tela de nuestra trayectoria vital si trabajamos para ello, y que a su vez, el esfuerzo por iluminar este lienzo biográfico, se reflejará en la riqueza que iremos  adquiriendo en nuestras vidas.