trabajadora.jpg¿Os acordáis de la película “Armas de mujer”? La protagonista rubia superaba a la morena en su carrera laboral utilizando todo tipo de estrategias y cualidades, uniendo a la inteligencia, la capacidad de trabajo y de negociación unas mayores dotes de seducción para llegar a la posición que ambicionaba. Curiosamente, en el momento en que se proyectó este film, finales de la década de los 80, la película fue un éxito, y apenas hubo dudas sobre los métodos que empleaba la ambiciosa protagonista para hacerse con el puesto, entre ellos seducir a un individuo poderoso que la ayudaría en su meteórico ascenso. Pero…por favor no culpéis a la rubia por el uso de esos cuestionables procedimientos, ella solo interpretaba lo que el guión, escrito por un hombre, le dictaba.

En la vida real, muy lejos de Hollywood, las mujeres no lo teníamos fácil en esos años para ser valoradas por nuestras capacidades laborales. Éramos entonces juzgadas tanto por nuestros valores intelectuales como por nuestro atractivo físico por muchos de los hombres que compartían oficina con nosotras. Algunas, las menos, aprovechaban el tirón y se subían a ese carro buscando favoritismos machistas. Otras se enfrentaban y despreciaban los comentarios soeces o simplones intentando superar el obstáculo de ser mujer y guapa. Mientras, la mayoría teníamos claras las razones por las que queríamos ser valoradas en el trabajo y en la discoteca e intentábamos no mezclar cualidades propias de ambientes tan distintos. Aunque nos costara años de desconfianza, y algún que otro altercado, hoy esta situación ha cambiado tanto que todo esto nos suena remoto…casi prehistórico.

Nuestras conductas actuales, afortunadamente, son radicalmente diferentes. Ellos nos demuestran su respeto como compañeros y colegas y nosotras manejamos con seguridad nuestras habilidades profesionales. Queda algún vestigio del pasado, no lo negamos, siempre hay varones desfasados que cuestionan nuestro coeficiente basándose en nuestra belleza o guerreras que buscan trepar con armas tentadoras, pero resultan ejemplares escasos y hasta patéticos en nuestros departamentos. Aún, rara vez, asistimos con indignación y frialdad a comentarios machistas, chistes de mal gusto o miradas indiscretas, pero cada vez resultan más difíciles de pronunciar y de escuchar tanto por nosotras como por ellos

…Y es que entre todos, hemos creado un espacio neutral donde no tienen cabida las bromas sexistas e incluso se cuestionan los piropos más castizos. Por supuesto, que en un entorno compartido no se puede obviar el erotismo, la atracción sexual o las complicidades del flirteo, pero ahora son fenómenos mutuos y divertidos en los que participamos hombres y mujeres de la misma manera.

¡Que alivio poder disfrutar de la igualdad en este aspecto! ¿No os parece?