zapatos1.jpg¿Alguna vez os habéis preguntado por qué hay mujeres que llevan continuamente zapatos que las hacen crecer hasta 20 cm? Soportan estoicamente el fastidio de ir caminando con las puntas de los pies, se arriesgan a un esguince inmovilizador o sufren un dolor indescriptible por pura elección personal. ¿Lo hacen por sentirse más esbeltas, más atractivas, ó más deseadas? ¿Por qué los zapatos de tacón, a pesar de su incomodidad, siguen siendo el elemento más seductor del atuendo de una mujer?

Todas nosotras hemos crecido escuchando primero y leyendo después el cuento de la Cenicienta y sabemos que los zapatos fueron los que transformaron una fregona en una verdadera princesa. Aún más, el zapato perdido fue determinante en la fascinación del príncipe por ella. Con unos zapatos de tacón alto todas nos sentimos un poco princesas. Nuestra feminidad se agiganta con estos atavíos inventados para caminar, que han adquirido vida propia hasta convertirse en un adorno pomposo, cautivadores para quienes los contemplan en los pies de aquellas sufridoras que los lucen en las alturas.

Pero estos zapatos deben ser también altamente adictivos. Cómo explicar sino que haya chicas que no se los quitan ni para andar por el patio de su casa, ir a la piscina o caminar las largas distancias de los aeropuertos. Es más, ¿alguien se puede imaginar a Victoria Beckham sin ellos? …y sin ir tan lejos ¿no tenemos todos algunas vecina a la que siempre vemos caminar por las alturas de sus tacones en nuestra comunidad o sobre el techo de nuestro mal insonorizado apartamento?

A mí personalmente me parecen bastante perniciosos, no solamente por su potencial de adicción y abuso, sino también porque nos inmovilizan en su incomodidad, hasta entorpecer nuestro caminar y volvernos frágiles en su cárcel afilada. Colocan nuestro espíritu en una artificial feminidad de delicadeza y débil torpeza. Y nos sitúan en una inferioridad elevada desde donde necesitamos a alguien carente de este impedimento que nos pueda salvar del tropezón al que siempre estamos expuestas.

Hoy, creo yo, que ya no quedan muchas mujeres cuyo objetivo fundamental en la vida siga siendo llegar a ser princesa consorte de un príncipe fetichista. Probablemente la mayoría de nosotras buscamos otras formas de triunfar en la vida y para ello necesitamos sentirnos cómodas dentro de nuestros propios zapatos,… siempre que no vayamos a una boda, …claro está.