postvacaciones.jpg¿Os habéis fijado alguna vez que es lo que ocurre cuando un niño juega en el parque y sus padres se empeñan en llevarlo de vuelta a casa? Si el niño está disfrutando se enfada, se pone irritable, luego vuelve malhumorado, y se siente indefenso y triste durante un rato. Después se acomoda a sus obligaciones pensando que volverá a jugar allí al día siguiente. Pues no me extrañaría que una reacción tan común como esa la empezáramos a llamar el “Síndrome Postparque” dado nuestro afán de dotar de categoría de enfermedad a frustraciones de la vida cotidiana, como el ya famoso “Síndrome Postvacacional”.

Ahora que ya estamos todos reintegrándonos a la rutina y a nuestras obligaciones oímos desde la radio, vemos por televisión y leemos en la prensa sobre el terrible síndrome post-vacacional. Nos alertan que en los próximos días cuando volvamos a nuestro trabajo probablemente sentiremos apatía, irritabilidad, falta de concentración, ansiedad, y hasta fatiga, falta de sueño, y tristeza. Estas comunes emociones y sensaciones han sido trasformadas en síntomas, para hablar de un síndrome que ya está en boca de todos.

Para combatir esta típica adaptación a la realidad cotidiana convertida en síndrome por nuestra sociedad, desde la prensa nos bombardean con consejos y recomendaciones tan elementales y obvias que provocan la sonrisa: ir entrando de forma paulatina en la rutina, no pretender resolver todos los asuntos que han surgido durante nuestra ausencia en el primer día de trabajo, ó asumir nuestras tareas con una actitud positiva… Es decir, lo que ya solíamos hacer guiados por nuestro sentido común.

¿No os da la sensación que este tratamiento que da la prensa a un proceso de adaptación normal nos infantiliza? Como adultos… ¿Qué menos que asumir que tenemos responsabilidades y deberes en nuestra vida? ¿Como negar que no vivimos en un mundo tan hedonista como para disfrutar sólo de los periodos de asueto?

No puedo evitar burlarme de esta necesidad que tiene nuestra sociedad de trasformar lo normal en anormal, de tratarnos con una condescendencia paternal que ni siquiera nosotros usamos con nuestros hijos. …Soy consciente del esfuerzo que necesitamos para volver a las múltiples tareas de nuestra vida cotidiana, pero ¿no os parece que también se agradece volver a reanudar la rutina familiar, reencontrar a los compañeros ó tumbarse de nuevo en nuestro añorado sillón?. A mi incluso me divierten estos Septiembres siempre capitaneados por el comienzo de colecciones de interminables fascículos y ahora también por el temido “Síndrome Postvacacional” al que, por mucho que se empeñe la prensa, pocos de nosotros tememos