mujerzombi.jpgEl otro día en una conversación se hablaba de la deserción de mujeres de las empresas, y una amiga decía que de las seis mujeres que ella había admirado más en su empresa, cinco ya la habían abandonado, y la única que quedaba estaba hibernando. Si yo fuera el Director de Recursos Humanos de esta organización me preocuparía esta fuga femenina, pero quizá me tranquilizaría al mirar los porcentajes de rotación y al pensar que la empresa no tiene sitio para retener todo el talento que recluta. De todas formas, …si yo fuera él (porque todavía hay muy pocas “ellas” en la Dirección de las empresas) creo que lo que más me preocuparía sería esa mujer que permanece hibernando entre las paredes de la organización.

Una trabajadora que permanece cobijada al abrigo de su puesto sin estar motivada, carente de energía, y cada vez más aislada. Alguien que con frecuencia muestra un desinterés sin disimulo por su entorno laboral, por mejorar sus capacidades o por aportar conocimiento a su empresa. Aunque todos los días acude a su lugar de trabajo y se sienta en su silla, se mantiene ausente cumpliendo estrictamente sus obligaciones, pero manteniendo su talento a buen recaudo de la organización.

Pero esta trabajadora no siempre fue así. Seguramente no hace mucho tiempo fue una mujer entusiasmada y llena de ilusión, con sueños de crecimiento profesional. Quizá también aportó buenas iniciativas, se esforzó en aprender y dar a su empresa lo mejor de sí misma y tuvo ambición y coraje para llegar lejos. Después, de forma paulatina, la satisfacción fue despareciendo. Primero vio cómo algunos de sus compañeros la adelantaban por la izquierda y por la derecha, y eso la fue empequeñeciendo. Pasado un tiempo sus superiores se despreocuparon de ella y la abandonaron a su suerte pensando que carecía de la ambición necesaria para triunfar, y ella aprendió que lo mejor era hibernar.

Todos sabemos que en nuestras empresas convivimos con gente que pasa periodos de tiempo más o menos largos refugiados en puestos cómodos, al abrigo de las exigencias de las organizaciones, estos trabajadores son como zombis. Muertos vivientes que acuden a trabajar cada día, se sientan en su mesa, encienden el ordenador, teclean documentos y cumplen con cualquier tarea que se les exige con disciplina. Mercenarios que intercambian sus horas de oficina por dinero. Muchas veces pasan desapercibidos, otras se conocen y se toleran como parte de la organización.

Si pudiéramos conocer cuantos de estos zombis son mujeres, estoy segura que obtendríamos un porcentaje que excedería, con creces, las cuotas que el gobierno quiere conseguir para puestos directivos en los próximos años…aunque no nos engañemos…también hay algunos hombres pasando por la misma situación. En definitiva, personas silenciosas que se hacen cada vez más invisibles para sus empresas y siguen hibernando herméticos en su reclusión. Si yo fuera Director de Recursos Humanos, no perdería de vista a estas zombis, no vaya a ser que ocurra como en “Thriller” aquel video de Michael Jackson donde los muertos vivientes salían de sus nichos para rebelarse en un mundo que había dejado de pertenecerles.