sonrisamonalisa.jpgLa sonrisa de Mona Lisa es la expresión más misteriosa del mundo, una sonrisa que aparece y desaparece con un halo indescifrable de la cara de esa bella mujer. Durante siglos, hemos intentado interpretar qué se oculta tras ella, recientemente, con la ayuda de la ciencia, hemos llegado a saber que detrás de esa expresión asoma la Felicidad. Algunos estudiosos apuntan a que ésta podría tener que ver con un embarazo o un hijo recién nacido, mientras que otros refieren que cuando la dama posaba, siempre había alguien cantando, o tocando música, para provocarle una situación placentera y que Leonardo pudiera captar esa expresión singular.

Pero ¿por qué no pensar que Leonardo Da Vinci encontró una mujer feliz e intentó captar la esencia de esa emoción tan anhelada en una pintura? Una mujer que manifestaba su bienestar interior a través de su enigmática y fugaz sonrisa. Quizá este genio quiso mostrar al mundo, con la ayuda de sus pinceles, el destello de felicidad que es capaz de irradiar un rostro. Es posible que todos los intentos posteriores por interpretar esa sonrisa nos hablen del afán de los humanos por desentrañar el misterio de la felicidad.

Durante siglos hemos perseguido la felicidad a través de la religión, la filosofía, ó la búsqueda del bienestar, últimamente también a través de la psicología e incluso se han creado manuales de autoayuda para conseguir la “Felicidad Express”. ¡Todos queremos averiguar dónde se esconde la fuente de esta emoción tan deseada!. Leonardo la encontró en esa mujer única de alma feliz y nos la quiso trasmitir a través de un cuadro, tan extraordinario y único para él, que permaneció en sus manos hasta el final de su vida.

Tal como se ha intentado justificar la expresión de la Gioconda con los sucesos externos que ocurrían mientras posaba para el pintor, también nosotros asumimos con facilidad que son las circunstancias que rodean nuestra vida las que nos conducen o nos alejan de la felicidad. Pero los sucesos positivos y negativos que acontecen a lo largo de nuestras existencias nos dan o nos roban cotas de felicidad solo de forma temporal, y sin embargo, se ha demostrado que existen unos niveles bastante constantes y poco variables de felicidad en cada uno de nosotros. Así, aunque nos resistamos a creerlo, igual que la mayoría de nuestras sonrisas no son de felicidad, los acontecimientos que ocurren en nuestras vidas raramente son capaces de procurarnos o de arrebatarnos esta emoción tan pretendida.

Nuestra capacidad para saborear la felicidad, para soñarla, para perseguirla, nace de algún lugar profundo e inconsciente en nuestra alma. Parafraseando a Sir Thomas Brown “para llegar a la verdadera felicidad, tenemos que viajar primero hacia una lejana tierra que queda en nuestro interior”. Todos tenemos la posibilidad de ser felices dentro, aunque a veces el ruido exterior nos impida reconocer esa capacidad. Sólo cuando nos adentremos en su búsqueda por el recóndito e íntimo sendero de nuestra mente podremos hallar el esplendor de esta emoción. Será entonces cuando por fin observemos en el espejo una expresión insólita en nuestro rostro y reconozcamos en él el reflejo de la felicidad. Quizá esto fue lo que quiso trasmitirnos Leonardo a través de la misteriosa sonrisa de Mona Lisa.