esther1.gifEsther y su mundo constituían un popular cómic para nosotras, las niñas de hace un cuarto de siglo. Hace poco tiempo nos sorprendía la noticia de que nuestra heroína iba a reaparecer con nuevas historias. Para las más jóvenes, que no recordéis a Esther, os diré que era una niña real de 13 años con las actitudes, desafíos, y problemas asociados a esa edad. Con una familia normal, una amiga íntima y particular, un primer amor que se pirraba por el fútbol y una vida centrada en su colegio. Los exámenes, sus primeros escarceos con Juanito, su enamorado, las confidencias con un tono de envidia con su amiga Rita, sus sueños inalcanzables, las excursiones en bicicleta o las meteduras de pata constantes formaban parte de su mundo y se acercaban mucho a nuestras vivencias. Así que las chicas de entonces nos identificábamos fácilmente con esa adolescente tan insegura como nosotras mismas y aprendíamos de sus aciertos y errores, siendo el modelo con el que crecíamos en la siempre difícil etapa de la pubertad. Hoy nuestras hijas crecen con revistas diferentes. “Barbie” y “Bratz” son sus publicaciones preferidas. Protagonizadas por muñecas esbeltas y apasionadas de la moda, princesas de un mundo irreal.  Así que  ¡como no echar de menos las historias cotidianas de Esther!. En “Barbie” una muñeca anoréxica incita a niñas entre 6 y 12 años al consumo de barras de brillo de labios, lazos, diademas y cualquier abalorio ñoño y rosa que se precie. La moda y sus disfraces siempre de princesa, nos llevan hacia un modelo de mujer que parece que en vez de evolucionar en el mismo sentido que lo hace la sociedad, está moviéndose en dirección totalmente contraria. Todavía resulta más irritante echar un vistazo a las revistas de precoces adolescentes donde el mundo de la moda y el estilismo adquieren una relevancia inusitada. Pero es, incluso más escandaloso, observar en ellas la valoración sobrenatural del físico femenino, el culto a la delgadez, y como enseñan a realizar un eficaz control de calorías en un mundo donde los trastornos de alimentación son cada vez más frecuentes entre estas jóvenes. En estas revistas en las que, como no, abundan los consejos de belleza, pero se dedica mucha menor atención a ayudar a conducir las difíciles emociones puberales, ó a superar la inseguridad nuclear con la que luchan estas niñas que están convirtiéndose en mujeres. Leyendo estas revistas …¿No os repele esa feminidad zafia y gazmoña tan empalagosa que emanan? ¿No os parece que alejan a estas chicas de la igualdad conseguida hasta ahora? Yo cuando las hojeo me pregunto si no nos distanciaremos en la generación futura del modelo de mujer actual que nosotras hemos luchamos por conseguir. Por eso…no se si estaré idealizando las vivencias de mi adolescencia temprana pero …¡Como me alegro de que vuelvan Esther y su mundo! Ojala sus historias repitan la popularidad de la que gozaban en nuestros tiempos y puedan ayudar a las adolescentes a hacerse mujeres completas y reales en el mundo de la igualdad de género.