gente2.gifLa mejor tortilla de patatas es siempre la de nuestras madres, y la mejor empresa es siempre esa en la que trabaja nuestro privilegiado y abominable cuñado. Por eso, al igual que ignoramos muchos exquisitos pinchos de tortillas que nada tienen que hacer ante el recuerdo de la idealizada mezcla de huevos y patatas materna, también desdeñamos muchos de los beneficios que obtenemos de nuestras organizaciones mientras envidiamos a ese odioso cuñado que nos enfrenta a las excelencias de su trabajo. Pero, al final, tanto las tortillas como las empresas tienen los mismos ingredientes y aunque nos resistamos a admitirlo…no son tan distintas unas de otras.

En general juzgamos a nuestras “organizaciones” como entes abstractos e impersonales, y yo creo que es ahí donde nos equivocamos. En las empresas estamos profundamente influidos por la calidad de los vínculos que establecemos con compañeros, jefes, subordinados, clientes, proveedores, etc. Es esta convivencia la que marca, en gran parte, nuestro bienestar ó malestar laboral, por eso, no nos vendría mal caer en la cuenta de que nuestra satisfacción profesional dependerá de la calidad de estas relaciones. Las mujeres más emocionales que nuestros compañeros masculinos somos más sensibles a los vaivenes de estos vínculos y estamos más amenazadas por cualquier desavenencia interna.

Porque con el ambiente laboral ocurre, igual que con cualquier otro tipo de convivencia que, si no se cuida con esmero, el tiempo tiende a deteriorarla. La desidia en este terreno puede erosionar nuestro bienestar y si no se ataja a tiempo convertir la oficina en una cárcel asfixiante para sus ocupantes. La posibilidad de experimentar desavenencias, ó falta de entendimiento son ingredientes comunes en cualquier relación, que tarde o temprano acaban por aparecer en nuestras oficinas, donde compartimos largas horas con nuestros colegas ¿Como evitar entonces la aparición de conflictos?…y si no los podemos evitar ¿Cómo superarlos?

A nosotras, las mujeres, estas rencillas nos afectan especialmente pues somos poco racionales y nos es difícil aislar las discrepancias profesionales de nuestros sentimientos. No es raro, por tanto, que suframos más de la insatisfacción laboral relacionada con estos conflictos inevitables. Porque quien no ha experimentado como una perfecta afinidad con nuestro jefe se deteriora por un problema de comunicación ó como nos afecta la dinámica de ese equipo en él que no nos sentimos escuchados. Y eso por no hablar de la forma en que vivimos las crecientes exigencias de nuestros clientes, que nos pueden parecer injustas y caprichosas en muchas ocasiones.

Ni los departamentos de Recursos Humanos, ni nuestros Jefes, ni los Accionistas de nuestras empresas pueden luchar contra las emociones negativas que emanan de la común convivencia laboral. Nosotros somos los únicos que tenemos la clave para conciliar, y armonizar nuestro ambiente laboral, para no caer en la personalización ni en la rivalidad y para evitar la hostilidad y el malestar interno. No hay dos tortillas de patata iguales pero la preferencia por una u otra dependerá fundamentalmente de los gustos del catador. Tampoco hay dos empresas iguales, pero con sus peculiaridades, bonanzas y defectos, no son demasiado diferentes. Sólo cada uno de nosotros, como refinados catadores podemos llegar a saborear, si superamos los obstáculos de la convivencia, todos los matices positivos de nuestro entorno laboral.