titiritero2.gif¿Sabíais que hoy uno de cada tres españoles tiene problemas para conciliar el trabajo con el cuidado de sus hijos? Esto es lo que dice una encuesta realizada hace unos meses por nuestro gobierno. ¿Os resulta extraño? …no lo creo, porque en el modelo familiar actual dónde ambos progenitores trabajamos nos enfrentamos a dificultades insalvables para compaginar nuestra vida laboral con el cuidado de nuestra prole. Cuando analizo esta situación siempre acude a mi mente la fantasía del trapecista haciendo acrobacias imposibles desde las alturas.

¿Cómo si no es en un ejercicio de volteretas mágicas, podemos armonizar nuestras vacaciones con las de nuestros hijos que duran hasta tres veces más? Se necesita además dominar el arte del equilibrio para casar nuestras jornadas maratonianas, interrumpidas muchas veces durante largos periodos de sobremesa, con el estrecho horario de los colegios que todavía se reduce más en periodos como Septiembre y Junio. ¿Qué hacer entonces para compatibilizar nuestro trabajo con las agendas de nuestros hijos? Me temo que sólo el funambulismo puede ayudarnos.

Si tenemos suerte podremos contar con alguna ayuda familiar que nos sostenga las cuerdas del trapecio para que logremos hacer piruetas con mayor seguridad. Pero todavía tendremos que hacer frente a las reuniones escolares, siempre en horario intempestivo, y a los festivales de navidades, carnaval o fin de curso a donde nos sentimos con la obligación de asistir desertando de nuestro horario laboral. Para estas ocasiones nuestros sentimientos de culpa tendrán que aprender a planear ligeros bajo la carpa circense intentando evitar la caída desde las alturas.

Aún deberemos asumir las enfermedades, vacunaciones, controles pediátricos, psicopedagógicos, y otros fortuitos compromisos que siempre acaban por hacerse habituales en la vida de nuestros hijos. Convertidos en acróbatas saltimbanquis nos lanzamos desde la oficina al hospital o al centro de salud, siempre sin red, en vertiginosas cabriolas de ida y vuelta.

En este arriesgado trapecio que recorremos de forma incesante, algunas mujeres, y todavía un escaso porcentaje de hombres, optan por las reducciones de jornada para poder moverse sin sufrir la constante sensación de precipitación al vacío Esta medida de conciliación nos cuesta, sin embargo, un porcentaje considerable de nuestro salario. Así, que los padres que se acogen a ella asumen hoy un nuevo número circense para poder balancearse entre la atención que sus hijos les reclaman y responder con este recorte del presupuesto familiar al encarecimiento de las cuotas mensuales hipotecarias que ha traído consigo las constantes subidas del angustioso “Euribor”.

De esta manera los padres trabajadores de hoy nos estamos volviendo unos artistas completos de este circo social donde nuestra actuación por mucho que nos esforcemos nunca llega a recoger las risas o los aplausos ni de nuestras empresas, ni de nuestras familias, ni siquiera de nuestra sociedad. “¡Que triste es tratar de hacer reir!” decía Charlot en la inolvidable película circense “Candilejas”. Nosotros, sufridos padres, podríamos decir ¡Que difícil es sobrevivir hoy en este abrumador circo en él que se ha convertido nuestra existencia!