anorexia.jpgUna joven actriz anoréxica, Isabella Caro, que pesa 31 kilos se ha hecho famosa, al aparecer una foto de su famélica desnudez, como campaña publicitaria, en vallas gigantescas que ocupan las calles de nuestro país vecino, Italia. En una entrevista reciente, aunque expresa que ha querido hacer esta incursión mediática para alertar de los peligros de la anorexia, se vislumbra un cierto alarde por haber conseguido captar la atención sobre esta enfermedad a la que ella trata como una acompañante de su vida, y a la que incluso le ha asignado un nombre amigo: “Anna”.

A mi parecer pocas veces la anorexia ha sido exhibida con tanto orgullo. Premiada con un protagonismo desmedido en la imagen impactante de la enfermedad, llega a ocultar a la persona que la sufre y que se esconde tras ella. Todo este circo me recuerda a un cuento de Frank Kafka titulado: “El artista del hambre” en él un hombre que ayunaba durante días y días era exhibido y admirado por la muchedumbre por esa capacidad de ayunar, hasta que el interés de la gente se apago ansiosa de espectáculos nuevos. El ayunador no lo entendió y replicaba quejumbroso a esta falta de interés: “Había deseado toda la vida que admirarais mi resistencia al hambre”, y luego confesaba desesperado: “…porque me es forzoso ayunar, no puedo evitarlo”. Este cuento parece haber sido replicado en esta mujer protagonista hoy de un interés mediático inmenso pero, probablemente reducido en el tiempo, que ha conseguido acariciar la anorexia con la varita mágica de la fama.

La sociedad, o sea nosotros, contemplamos absortos y escandalizados esa imagen, pero permanecemos familiarizados con las famosas modelos, iconos de nuestras jóvenes, que rozan o están instaladas en un bajo peso, que dista mucho de ser saludable. Asistimos perplejos a la exposición de ese esclavizado cuerpo esquelético, y miramos para otro lado cuando asistimos a la información sobre dietas imposibles en las revistas que leen nuestras adolescentes, ó a las tallas cada vez más diminutas que se instalan en sus tiendas preferidas. Con este asunto, como con tantos otros, somos capaces de mantener una doble moral sin siquiera pestañear. No nos sorprendamos pues al observar como cuerpos adolescentes se desmoronan ante la invasión de esa enfermedad que puede arañar hasta la muerte la frágil existencia de esas eternas niñas que la sufren.

No os dejéis engañar por esta campaña mediática. La anorexia se caracteriza por su manipulación del entorno y, se enorgullece de la atracción que es capaz de despertar. En estos carteles, donde se ha instalado, se ha hecho protagonista e interprete de su propia publicidad. Desde mi punto de vista estas imágenes no previenen su instalación en esas chicas que contemplan su cara más desafiante y que, a la vez, están inmersas en un mundo donde de una u otra manera viven rozando su estela.