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La licencia de 16 semanas que “disfrutamos” las españolas nos lleva a abandonar la función maternal cuando todavía nuestra presencia es necesaria para la supervivencia y el bienestar de nuestros pequeños. Así, que para seguir con nuestra vida laboral necesitamos que alguien nos sustituya en el cuidado del bebé. Las guarderías son una de las opciones que tenemos, pero, las escasas plazas públicas y el alto coste de las privadas, actúan de acicate para que muchas mujeres optemos por pedir ayuda parcial o exclusiva a nuestras madres. Aún cuando podamos elegir dejar a nuestros hijos en la guardería, ésta generalmente, tampoco podrá ser contemplada como solución única. Los frecuentes contagios entre los niños provocan sus reiteradas ausencias por enfermedad, por tanto, si no queremos acumular considerables faltas laborales, necesitamos contar con una segunda alternativa. Así de una u otra manera, las abuelas se han convertido hoy en un pilar fundamental en nuestra vida actual asumiendo el cuidado de sus nietos.

En nuestro país más de un millón de mujeres mayores de 65 años se dedican a cuidar a algún miembro de su familia, la mayoría de ellas, a sus nietos pequeños. Estas mujeres, que ya debieran disfrutar de una jubilación, se enfrentan a una pesada carga diaria llena de las demandas y responsabilidades impuestas por la función de crianza de hijos ajenos. Se quedan sin tiempo libre, e incluso descuidan su propia salud para dedicarse en cuerpo y alma a esos niños que las necesitan, y lo hacen poniendo en juego toda su energía, experiencia y afecto e intentando no caer en el cansancio o la desesperación. Afortunadamente, parece, según las investigaciones realizadas en la universidad de Michigan, que la “nueva profesión” que acogen estas mujeres con tanto entusiasmo, podría ser beneficiosa para su salud, ya que se ha observado, que las personas que envejecen dando apoyo y cuidado a los demás son más longevas que las que no lo hacen.

Si puede ser conveniente para ellas, lo que no hay duda es que este papel resulta sumamente valioso, no sólo para nuestras familias sino para el futuro de nuestros hijos. En la cultura popular estaba establecida la creencia de que las nodrizas tenían una influencia fundamental en los niños al trasmitirles su carácter a través de su leche. Hoy nuestras abuelas, modernas nodrizas, no amamantan a nuestros retoños, pero permanecen largas horas relevándonos en su cuidado y se convierten en las principales referentes de los estrechos vínculos sociales que el niño establece en sus primeros meses de vida y que, influyen en el desarrollo de muchas de sus habilidades cerebrales. Porque actualmente se conoce que la calidad de las relaciones durante la primera infancia influye en el potencial personal de estos niños, tanto en la adquisición de habilidades sociales, como en la capacidad de manejar el estrés o en su vulnerabilidad posterior a sufrir enfermedades mentales.

Es más, cuando estas madres sustitutas responden con cariño, protección y disponibilidad a las señales del bebé, éste se volverá capaz de establecer una vivencia de seguridad y un concepto positivo de sí mismo y tenderá a formar vínculos afectivos de las mismas características.

Así la atención y el afecto que confieren estas abuelas, durante nuestras interminables jornadas laborales, resulta esencial para el crecimiento saludable de nuestros hijos. Sin embargo, a pesar de la envergadura de esta tarea, la actividad de estas mujeres permanece oculta socialmente, es infravalorada y poco incentivada por todos nosotros. Quizá sólo seremos capaces de valorar su verdadero impacto dentro de unos años, cuando los niños de hoy se conviertan en protagonistas de la sociedad del futuro.