sombramaterna.jpgLa relación más compleja existente entre dos seres humanos, es sin duda la relación que se establece entre una madre y su hija. Es un vínculo basado en el imposible equilibrio entre la simbiosis y el rechazo, donde la madre intenta vivir otra vida a través de su hija, controlando su existencia, mientras que ésta intenta desasirse del cordón umbilical materno para poder convertirse en una adulta independiente. Esta lucha de ambiguos sentimientos se desarrolla a lo largo de años de convivencia cercana o distante en los que la extensa sombra de la madre se despliega sobre la personalidad de su hija.

Relación de carácter universal, se vive en diferentes culturas, razas o continentes con las mismas singularidades. Afecto y aborrecimiento, dominio y subordinación, aproximación y alejamiento, amistad y rivalidad, generosidad y asfixia…y así hasta componer un manantial de sentimientos entreverados que hace que esa relación tan especial no quepa ni en uno ni en mil adjetivos. Un vínculo donde el conflicto, encubierto o evidente resulta continuo y necesario para el desarrollo de nuestro potencial como mujeres.

A pesar de que esta relación contiene las claves de la identidad femenina, ha permanecido postergada en la investigación, en la literatura, el cine o la sociedad, quizá por ser una unión complicada de abordar y de interpretar. Pero en los últimos años, Pedro Almodóvar la ha sacado del cajón del olvido y nos ha enfrentado a ella en películas tales como “Todo sobre mi madre”, o “Volver”.

A través de sus protagonistas las hijas hemos podido reconocer el manto de amor que acaba por cubrir los fantasmas siempre existentes entre nosotras y ellas. Contemplar su sacrificio y generosidad definitivos para nuestro crecimiento. También descubrir como la vivencia de nuestra propia maternidad nos hermana y nos reconcilia con nuestras madres, y como la madurez nos acerca a ese modelo de mujer del que hemos intentado huir durante gran parte de nuestra vida.

Como madres aprendemos día a día a no contaminar ese amor generoso y altruista con nuestro egoísmo y competitividad. Intentamos evitar el control que puede hacer la atmósfera irrespirable para nuestras hijas, a huir de la rivalidad con ellas y a derrochar paciencia y respeto por sus diferencias. Nos sacudimos las ganas de hacer crítica de sus peculiaridades para no mermar su confianza ni su propia identidad femenina. Y…a través de esta relación, por fin, somos capaces de acercarnos a nuestra  madre para restablecer un vínculo pacífico y confiado, ya definitivo, entre nosotras.