amadecasa1.jpgEl diccionario de la RAE define al ama de casa como: “la mujer que se ocupa de las tareas de su casa”. Esta profesión incluye la gestión y organización de la economía doméstica, la higiene, la nutrición, y la transmisión de afecto y cuidado a toda la familia. A pesar de la importancia de todas estas tareas, este oficio ha sido y, todavía es, denostado y silenciado socialmente. Nuestras madres, paladines de este cometido nunca fueron recompensadas por realizar esta función que era definida en su carné de identidad y en cualquier documento público, como “sus labores”, definición que la situaba en un ámbito íntimo e invisible fuera de las cuatro paredes de los hogares donde se ejercía. Estas mujeres no tuvieron derecho nunca a ningún beneficio social, ni pensión retributiva, a pesar de que nadie puede negar la importante contribución que realizaron a la economía de este país.   Según una encuesta reciente realizada por el “Mercado de trabajo y pensiones 2006” nuestras madres convertidas hoy en pensionistas, reciben una paga anual media de 8164 euros, tan sólo un 66% de la pensión que reciben los hombres de su generación. Estas pensiones no se reciben en recompensa por el papel social que han realizado como amas de casa, sino que representan el subsidio por viudedad, es decir el beneficio por haber estado casadas con hombres que cotizaron en su profesión. Las amas de casa de hace treinta años eran inexistentes para un sistema retributivo que sólo recompensaba los bienes laborales tangibles con beneficios sociales. Esta es la razón, por la que hoy, que deberían ser consideradas “jubiladas” de su profesión carezcan de pensión contributiva por ese trabajo realizado durante la mayor parte de su vida activa.Actualmente que las cosas han cambiado tanto para la mayoría de las mujeres, todavía en nuestro país hay casi siete millones de féminas que ejercen esta infravalorada profesión. A pesar del paso del tiempo, se sigue manteniendo la misma injusticia social con ellas, que siguen siendo ignoradas socialmente y permanecen carentes de cualquier derecho derivado de su trabajo. De hecho, a estas mujeres se les sigue considerando como “`población inactiva” dentro de los censos poblacionales. No obstante, realizan un trabajo a jornada completa, muchas veces con horas extras, y sin apenas disfrutar de descanso durante fines de semana o periodos vacacionales. A falta de apoyo político o social, sin embargo, solo ellas pueden luchar para conseguir dignificar su papel, y alcanzar unos derechos que les pertenecen y que década tras década la sociedad les niega con el pretexto de no generar beneficios tangibles para ella. Esperemos que esta nueva generación de amas de casa consigan por fin asentarse en un lugar donde tengan cabida la valoración y la protección social que esta profesión merece.