reyesmagos.jpgEs época de portarse bien para que los Reyes Magos se acuerden de nosotros y nos colmen de regalos, aunque algunos ya hayan recibido su remesa de Papa Noel…o eso es lo que queremos pensar, porque el otro día un amigo de mi hijo me sorprendió cuando intente intimidarle diciéndole que los Reyes Magos enviaban mensajeros a observar su conducta con un sincero: “y que me importa si no me lo traen los Reyes, me lo comprarán mis papas”

Pensé entonces que en los últimos años los niños ya no se muestran nerviosos con la llegada de los Reyes durante el mes de Diciembre, ó que a ninguno le asusta ya la amenaza del negro carbón en su ventana. Sin embargo los Reyes hacen su trabajo mejor que nunca: son totalmente fieles a las peticiones que reciben, cada año se esfuerzan en traer más abundantes y costosos regalos y llegan en cabalgatas de un lujo inusitado hasta para los soberanos. Entonces ¿por qué a los niños no les asusta que los Reyes vigilen sus desobediencias? ó ¿Por qué su ansiedad solo tiene cabida puntual en la noche de reyes?

Yo todavía recuerdo, en una infancia huérfana de regalos durante todo el año, la enorme ilusión que traían los Reyes Magos desde el Oriente cuya venida era anunciada y esperada durante semanas. Entonces el mes de Diciembre era para los niños un tiempo en donde nos sentíamos espiados por observadores invisibles que informaban a esos singulares personajes de nuestros movimientos equivocados y nuestra rebeldía, pero también de nuestros logros y buenos pasos. Y ¡como contábamos los días hasta llegar a la noche de la ilusión! Ó ¡la fiesta de los regalos después de una noche de cortos sueños y muchos despertares! Y eso que esos Reyes nos dejaban unos paquetes enigmáticos que nunca traían lo que pedíamos en la carta ni esa esperada bicicleta que insistentes solicitábamos sin cejar en un empeño que duraba años. Sin embargo, esos regalos que ellos elegían, de alguna extraña manera, para nosotros nos entusiasmaban y se convertían en compañeros de juegos durante meses.

En estos días muchos nos quejamos del protagonismo perdido por esos magos de la ilusión venidos de Oriente y algunos incluso culpan al inocente ancianito rechoncho con mensaje subliminal de bebida carbónica. Pero no nos engañemos condenando a Papa Noel por una falta sólo nuestra. Los niños han aprendido que no hay mejores Reyes que sus padres que los surten de regalos ante la menor excusa. Juguetes a menudo tan impresionantes o más que los que reciben de esos ilustres personajes que se anuncian a bombo y platillo pero que sólo distribuyen regalos con frecuencia anual.

Así que queridos padres que como yo practicáis el intrusismo en ese oficio que durante milenios han realizado con éxito los Reyes Magos, ¿no os parecería buena idea intentar disminuir nuestro afán regalador para con nuestros hijos y dar a esos Reyes venidos del Oriente una oportunidad para que además de los juguetes traigan de nuevo sacos llenos de ilusión a los niños de hoy?