picasso-03.jpgLa violencia doméstica no ha acabado con el año 2007, y en este año recién estrenado ya hay nuevas víctimas, pero sobretodo hay una alarma creciente que no impide que muchas de estas mujeres que son asesinadas por sus parejas sufran en silencio, durante años, la violencia de éstos sin denunciarla y sin que ni siquiera sea conocida por su entorno más cercano. Todos nos preguntamos el porqué de este atormentado y desgarrador silencio y no nos es fácil encontrar una respuesta al mismo.

No podemos hablar de un perfil psicológico específico de las agredidas. Aunque sin embargo, muchas de ellas tienen un patrón de conducta común, él de estar atadas por indisolubles lazos invisibles en estas relaciones de maltrato. Son mujeres que, en la mayoría de las ocasiones permanecen durante años al lado del agresor, sufriendo vejaciones e incluso un maltrato físico que puede llegar a poner en peligro su vida. A menudo hay factores prácticos y económicos detrás (dependencia económica, hijos pequeños), pero la mayoría de las veces son otros factores menos visibles pero más férreos como el miedo, las amenazas, la pérdida de autoestima y una voluntad maniatada los que las conducen a una situación de apatía y resignación indescriptible, que es conocida con el nombre de indefensión extrema.

Este estado de fragilidad mental característica les lleva a no denunciar o incluso a retirar las denuncias a sus maltratadores y a permanecer junto a ellos de forma inexplicable. A nosotros, testigos ajenos a estas complicadas relaciones, esta temeraria pasividad nos resulta incomprensible y de forma frívola llegamos incluso a tomarla como un signo de debilidad.

Sólo desde el enorme aislamiento donde han quedado confinadas estas mujeres a merced de su agresor puede entenderse su turbulenta dependencia, en una. situación de sumisión tan precaria, y con una identidad personal tan quebrantada que sólo con ayuda psicológica podrán lograr alejarse de la espiral de violencia en la que han sido absorbidas. Porque el hecho de permanecer al lado del maltratador siempre con esperanza infundada en una imposible metamorfosis sólo favorece la violencia, y ésta, a su vez, perpetúa este tipo de relación.