corazon21.jpgHoy nuestra televisión ha sido invadida por insufribles y abundantes programas del corazón, que como una moda imparable se han extendido a lo largo y ancho de la programación situándose entre los preferidos del público si atendemos a la cantidad de personas que los ven. Programas en los que “periodistas” ó “intrusos de esta maltrecha profesión” especializados en el cotilleo barriobajero llegan a hurgar hasta límites insufribles en la vida de cualquier personaje que tiene la desdicha de ser considerado “popular” con una visible falta de educación que les permite vociferar al unísono sin ninguna consideración hacia quien les escucha.

Nos hablan de los famosos y los reducen a carnaza para que podamos sentirnos superiores al juzgarlos y contemplar de forma crítica sus comportamientos y situaciones, para hacerlos tan vulgares como el espectador que los contempla en zapatillas desde su sofá. Ahora y cada vez más, no contentos con esto, los guionistas los maltratan, los zarandean, los degradan y se mofan de ellos mientras el público aplaude sin cesar esta canallesca feria. Los populares personajes huyen aterrados de este conocido “periodismo del corazón” que, a juzgar por su numero de seguidores, se ha convertido en una importante parcela de la vida social de este país.

Sin embargo toda esta programación que desprende un hedor insufrible ha tenido un punto positivo, y es que el cotilleo, por fin, ha dejado de ser considerado territorio femenino. Antes, revistas como “Hola “ ó “Lecturas”, especializadas en este mundo del corazón eran vistas como publicaciones exclusivamente femeninas. En la actualidad, muchas de nosotras aficionadas antaño a hojear dichas revistas hemos huido de este periodismo por la mugre y la inmundicia que, en los últimos tiempos, contiene y nos hemos refugiado en otros tipos de publicaciones y de programas. Al mismo tiempo, no pocos hombres se han aficionado a esta moda del chismorreo indiscriminado y le han hecho un espacio importante en su tiempo de ocio.

Así que al menos este periodismo del chisme malintencionado sobre el “famoseo” ha contribuido a derribar el mito del cotilleo como patrimonio femenino y de nuevo hombres y mujeres nos hemos acercado en otra afición más para abrazarla o para despreciarla guiados más por nuestra personalidad e intereses que por el sexo al que pertenecemos…y es que tampoco somos tan diferentes.