conciliacion.jpgLas nuevas tecnologías han difuminado los límites entre la oficina y el hogar. Hoy muchos de nosotros tenemos móvil, ordenador portátil, conexión ADSL, fax e incluso palm o videocámara en nuestra casa. Aparatos que favorecen un acceso directo a nuestro trabajo a través de llamadas, mensajes, y contacto directo con nuestros colaboradores y que nos permiten hacer, en cualquier momento, envíos urgentes, reuniones virtuales o intercambio de documentos sin necesidad de acudir a nuestro puesto de trabajo. En fin, una oficina movible que se traslada siempre con nosotros.

Así que permanecemos deslumbrados por este alarde de tecnología que las empresas han puesto generosamente en nuestras manos para facilitar nuestra vida. Muchos padres agradecemos a estas herramientas que nos permitan ajustar nuestra jornada laboral, y salir de la empresa a tiempo para poder ejercer nuestra paternidad y dedicarles tiempo a nuestros hijos. Con su ayuda podemos llegar a casa a tiempo para ayudar a los niños con las tareas del colegio, bañarles, preparar su cena, compartir su horario infantil y esperar a que se vayan a dormir para volver al trabajo a través del espacio virtual.

Por eso de forma paulatina, las oficinas hogareñas dotadas de la más moderna tecnología se activan en las últimas horas del día y permanecen animadas hasta altas horas mecidas por el tintineo de mensajes que nos llegan desde los domicilios de muchos colegas que nos acompañan en esta particular repartición de tareas.

Pero este beneficio proporcionado por la tecnología, no nos engañemos, tiene sus trampas. Cada vez somos más quienes no desconectamos nuestro ordenador ni los fines de semana, a todos nos acompaña el móvil o la palm en las vacaciones y las veladas a la luz del ordenador se han vuelto cotidianas en muchas familias. Entonces…¿Qué ha pasado con nuestro tiempo de asueto? ¿Qué ha sido de la sana desconexión de los asuntos laborales? ¿y de las aficiones noctámbulas?…sin darnos siquiera cuenta, nuestra vida personal que trascurría un poco de espaldas a la profesional se ha esfumado barrida por la banda ancha. Y es que la nueva tecnología, tan beneficiosa para la flexibilidad de horario, y para la conciliación entre la vida laboral y la familiar, también puede llegar a ser nefasta si la dejamos que se adentre en nuestra vida hasta absorber nuestras aficiones, conversaciones y pensamientos. En definitiva puede extraviar la mayor parte del tiempo propio que todos necesitamos para seguir avanzando como personas.

Así que cuidado con estas herramientas que ayudan a la conciliación con la vida familiar, pero no a la conciliación con la vida personal. No os dejéis arrastrar por esta “beneficiosa tecnología” pues el abuso de ella puede resultar más perjudicial que favorecedor para nuestro particular equilibrio individual.