franceses2.jpgEstos días se habla del romance de Nicolas Sarkozy y Carla Bruni, a los que vemos en todas partes convertidos en pareja mediática del momento. Ellos orgullosos lucen su amor, y nosotros admiramos esa mezcla tan atractiva de poder y belleza. Pero imaginemos por un momento que hubiera sido Ségolène Royal quien hubiera ganado las elecciones francesas y fuera la presidenta de nuestro vecino país. En un alarde de imaginación fantaseemos con que fuera ella la que se pavoneara de la mano, con… por ejemplo… Chayanne por lugares como Port-Aventura. ¿Creéis que la pareja sería juzgada de la misma manera?. Está claro que no, porque todavía vivimos anclados a unos estereotipos que dominan nuestros juicios.

Siguiendo con nuestros poderosos personajes, cuando ambos estaban en campaña electoral hubo un periódico que abrió con el siguiente titular: “¿Quién cuidará a los hijos de Ségolène si gana las elecciones?”. Por supuesto, nadie se preocupó de los hijos de Nicolas, ¿Quién cuida de ellos ahora?…porque el padre no parece tener mucho tiempo para ello, inmerso en esa vorágine de ocupaciones dentro y fuera del Élysée y siempre captadas en imágenes.

El éxito se escribe todavía en masculino, y difícilmente se asume como femenino. Para los hombres el prestigio profesional conduce al poder y al refuerzo de su autoestima. Las mujeres que consiguen alcanzar el éxito sin embargo son vistas como ambiciosas y egoístas, pues se percibe socialmente que llegan a éste a través del descuido de su familia. ¡Como vamos a desear tener éxito en nuestra profesión si eso nos enfrenta a que se cuestione nuestra propia identidad femenina!. No es raro que muchas mujeres prefieran renunciar al éxito profesional para defender su feminidad o incluso no menoscabar la masculinidad de su pareja.

Por otra parte, el éxito refuerza el atractivo masculino pero no el nuestro. Un hombre que ha pasado los cincuenta pero que tiene poder resulta tan seductor como para que mujeres jóvenes y hermosas se enamoren de él, e incluso para que, los que contemplamos la escena, no nos extrañemos por ello. Mientras que una mujer de la misma edad, por mucho poder que tenga, siempre será el hazmerreír de la sociedad si se enamora de un guapo doncel. Porque el éxito femenino todavía se asocia de forma exclusiva a juventud y belleza, y cualquier otra cualidad permanecerá oculta por ese machismo patriarcal y milenario que persiste en nuestra sociedad.

¡Que injustos e irreflexivos estamos siendo al juzgarnos con diferentes patrones!. ¿Si no somos capaces de medirnos utilizando las mismas premisas, como vamos a llegar a esa igualdad que tanto anhelamos?

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