madressustitutas.gifMuchas mujeres profesionales y madres contamos con la dedicación de otra persona que nos sustituye en el cuidado del hogar y de nuestros hijos. Ellas suelen ser mujeres, que han dejado a sus hijos en manos extrañas para lanzarse a la arriesgada aventura de la emigración en esta tierra de oportunidades, de sacrificios y de añoranza. Aquí ejercerán de madres de niños ajenos a los que no les unirán lazos de sangre pero con los que compartirán tiempo y ternura.

Suelen llegar indocumentadas y tienen que enfrentarse a un entorno social y legal hostil. La mayoría de estas emigrantes se integraran en nuestra sociedad a través de nuestros hogares a donde llegan aportando su propia experiencia maternal como aval para que les confiemos a nuestros hijos. Ellas les cuidaran pero también les darán un afecto impagable en nuestras largas ausencias.

A la vez que se convierten en madres sustitutas aquí, tratan de no descuidar este papel con sus propios hijos. Fiscalizan a distancia sus estudios y su comportamiento, premiando y castigando desde la lejanía con regalos o llamadas de atención telefónicas. Les hablan con dulzura tan frecuentemente como se lo permite su economía desde locutorios imposibles de donde vuelan etéreos besos y abrazos. Los echan de menos sin estridencias, sin quejas, pero con un dolor profundo en su silencio, que palian con el amor que derrochan con nuestros propios hijos.

Nosotras, en esta exitosa sociedad, donde vivimos la globalización desde la opulencia, tenemos la injusta suerte de contar con la asistencia de estas mujeres que sacrifican su propia maternidad y llenan de mimos y caricias a nuestros hijos que acaban siendo también un poco suyos. Tras pasar unos años aquí, muchas volverán a su tierra con la incertidumbre de enfrentarse de nuevo a sus países siempre en crisis, a unos hijos crecidos y ya apenas conocidos y a un modo de vida diferente. Otra vez se van con pena y añoranza por abandonar, esta vez, a estos otros hijos de su corazón.  Nuestros niños que no saben de futuro, ni conocen todavía la pobreza, la emigración o el dolor de la separación las despiden sin tristeza,  incluso, quizá con el tiempo se olviden de éstas, sus otras madres, pero la huella del amor que estas mujeres les dieron está ya para siempre en sus corazones y se reflejará en su vida entera.