gnomos.gifLa vida se tiñe de color de rosa o de color marrón según nuestras experiencias, pero no sólo con esas vivencias trascendentales que nos marcan la vida, sino muy a menudo, también con las pequeñas cosas del día a día que deciden nuestro humor. No son asuntos relevantes, son diminutas piedrecillas que se van colando en nuestro zapato hasta que consiguen hacer que nuestro andar se vuelva francamente molesto. El ejemplo más habitual es el cotidiano atasco en sus múltiples facetas: lluvioso, navideño, de puente, inesperado, accidental…etcétera…etcétera.

Pero hay muchos más fastidiosos guijarros tales como: ir al parking y encontrar la única plaza disponible inhabilitada porque un desconsiderado ha aparcado su todo terreno ocupando parte de ella, que el cajero del banco cercano a tu casa esté otra vez estropeado, llegar al supermercado y no encontrar ningún carro libre, recibir una llamada de teléfono cuando estás cambiando al bebé y llevarlo en brazos desnudo corriendo por toda la casa para contestar a un teleoperador haciendo promoción, y tantas otras situaciones que seguro recordáis en este momento y que os irritan hasta hacer olvidar vuestro buen humor.

Muchas de estas pequeñas vivencias son impersonales, así que aunque nos enfadan profundamente no podemos dirigir nuestra rabia hacia nadie concreto, por eso cuando muchas de estas situaciones se alían para producirse en un mismo día, la irritación crece y se revuelve en nuestro interior hasta convertirse en un malhumor que no tiene mucho sentido.

No todas las personas responden del mismo modo a estas trampas para nuestro ánimo. Existe una predisposición interna que a los desafortunados les hace apreciar más claramente estas pequeñeces negativas. Estas personas son más susceptibles a andar irritables y tristes por la vida.

Como nuestro humor influye en las relaciones que vamos estableciendo con los demás. Este resentimiento frente al mundo  va a contribuir a cada paso en nuestro comportamiento con compañeros, vecinos, amigos, familia,  empeorando nuestro entorno social y por tanto contribuyendo en gran manera a disminuir nuestro bienestar general.

Así que es bueno reflexionar en la influencia de estas pequeñeces que se cuelan cada día en nuestra vida, encarcelarlas en su dimensión y no dejar que dicten nuestro ánimo y nuestra manera de vivir.