futbol.jpgImaginad un equipo de niños de 8 años a los que les falta un jugador para completarlo y poder jugar un partido. Un niño, y una niña se ofrecen para ese puesto. ¿A quien creéis que elegirán? Si la niña es una jugadora fuera de serie, excepcional, probablemente tenga alguna oportunidad, pero ante una similar destreza con el balón, ni el capitán del equipo ni los compañeros pensaran en ella para el puesto. No es raro, ya que solemos elegir nuestras relaciones basándonos en afinidades y similitudes que nos permitan una identificación mutua con el otro. El capitán y los equipos que forman los consejos de dirección de las empresas son mayoritariamente hombres, así que ¿cómo esperar que las mujeres toquemos balón en los puestos directivos?…parece poco realista en la actualidad. ¿No os parece?

Las reglas del fútbol empresarial siguen estando escritas en masculino, por eso no resulta raro que  las mujeres  permanezcamos en el banquillo sin acceso al poder empresarial. Cuando conseguimos colarnos por la banda y ascender por la escalera profesional vemos como los peldaños se hacen cada vez más varoniles y nosotras, si entender lo que ocurre, nos quedarnos fuera de juego. Lo cierto es que vivir el aislamiento y experimentar la indiferencia por nuestras fortalezas particulares es una vivencia común de las que consiguen llegar a tocar balón dentro del área. Para evitar sentirse extrañas, algunas profesionales intentan esforzarse por imitar e incluso copiar los modelos masculinos triunfantes a su alrededor. Salvar el escollo que supone la diferencia intentando mimetizarse con el entorno, pero resulta bastante complicado convertirse en “uno de ellos”.

Los hombres que están sentados en los Consejos de administración del 99% de las empresas tienen una influencia inevitable en la determinación de los valores buscados para la sucesión y estos tradicionalmente han sido los propios de los roles masculinos. Así que por ahora se pierden casi todos los balones femeninos en medio campo. Sin embargo, estos directivos observan que las mujeres empiezan a significar ya casi la mitad de sus trabajadores y que no pueden seguir de espaldas a esta realidad. Por eso, últimamente se esfuerzan por apreciar nuestras virtudes, asumir nuestras flaquezas e ir construyendo un futuro que nos incluya.

Es cierto, que todavía el cambio es demasiado lento y fatigoso para nuestra generación, pero tampoco podemos negar que es imparable y no tiene vuelta atrás. Siendo realistas, para que podamos ser conscientes de esta transformación tendrá que pasar el tiempo suficiente para que surja una “masa critica” de mujeres en puestos directivos que nos sirva de referencia y modelo y que nos admita en las redes informales de poder. No sé cuanto tardará en producirse este fenómeno, pero no deberíamos aguardar inmóviles a ser incluidas en la selección. Mientras esto ocurre tenemos la responsabilidad de no rendirnos y de entrenar desde el banquillo nuestras fortalezas. Os animo a que lo hagamos. Afortunadamente, nos retiramos más tarde que los futbolistas…así que a lo mejor nos da tiempo a tocar balón antes de la jubilación.