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Son más de cuatro millones las mujeres que en España compran revistas femeninas, si a éstas sumamos las que, como yo, no lo hacemos…pero las leemos en la peluquería, podríamos arriesgarnos a afirmar, que la mayoría de nosotras sucumbimos a ese placer distraído de hojear esa particular prensa. Publicaciones que, parafraseando a la protagonista de “Desayuno con diamantes”, no se pueden leer sin llevar los labios pintados. Cuando nos sumergimos en la maternidad, cambiamos las que nos aconsejan sobre moda, cosmética y sexo, por aquellas otras donde nos explican las imágenes de ecografías, los signos de embarazo o las particularidades del recién nacido. Solo tenemos que echar un vistazo a sus cifras de ventas para comprobar que las publicaciones que versan sobre el embarazo, el parto, o los primeros meses de vida del bebe, son todo un negocio en el panorama editorial actual. Todo un enorme material educativo para que nosotras podamos aprender algo que es imposible captar desde la lectura: la función maternal.

Ahora que llegamos tan tarde a la maternidad, lo hacemos, sin embargo con más deseo que nunca y con toda la responsabilidad que nos ha dado la meditación profunda de ese anhelo y la elección de convertirnos en madres. Conscientes queremos prepararnos para dar este gran paso con aplicación y estudio, como lo hemos hecho en otras áreas de nuestra vida. ¿Pero es ésta la mejor forma?

Antaño las embarazadas eran rodeadas por un mundo femenino que arrullaba su camino hacia la maternidad. Madres, tías, hermanas, primas, vecinas, todas se unían para conducir a la madre por estrenar a través de su propia experiencia. En la actualidad, alejadas de la familia de origen, en un mundo donde las prisas y la soledad caminan por nuestras vidas con soltura, nos aferramos a una absurda información aséptica e ilustrada para intentar atrapar de forma racional esa función que solo se puede adquirir desde nuestra alma más primitiva.

Sin embargo, superando la impersonalidad de estas publicaciones unidireccionales, las mujeres hemos buscado otras vías donde las dudas y la experiencia puedan reunirse en espacios comunes. Inmersas en el mundo de las relaciones virtuales, hemos encontrado un lugar en el ciberespacio donde poder volver a las confidencias ancestrales. Son los foros de Internet. Allí de forma anónima aunque cercana compartimos miedos afines, intercambiamos conocimientos y bebemos de las vivencias ajenas. Hemos sido capaces de recorrer el camino de vuelta desde las lecturas, tan impersonales, al acompañamiento amigo. Las “mamás” volvemos a formar parte de un mundo femenino, que más allá de la tecnología está unido por un hilo invisible en un hermanamiento único: la experiencia maternal.