Excelentísima Sra. Ministra,Leyendo

¡Que feliz y satisfecha parece en sus primeros encuentros con los medios! Aparenta una seguridad aplastante y una confianza total para asumir las riendas de este recién creado ministerio. La verdad es que encuentra ya redactadas y aprobadas las leyes que deberían ser los pilares de su gestión: La ley de Igualdad y la Ley Integral contra la Violencia de Género. Así que podríamos pensar que tiene mucho camino andado. No es por desanimarla, pero yo diría que estas flamantes leyes han sido un inicio necesario pero ¡tan minúsculo! que nosotras apenas las hemos notado hasta ahora. De su labor depende que lleguemos a palpar su impacto en nuestras vidas.

La Ley Integral contra la Violencia de Género no parece haber frenado esta lacra social. La desprotección de las mujeres maltratadas sigue siendo una herida abierta, la justicia es lenta, cuando no desconfía de sus denuncias, y todavía la mayoría de las agredidas sufren esta situación maniatadas con una resignación indescriptible. Lo cierto es que las mujeres que sufren malos tratos presentan una identidad personal quebrantada y una relación de sometimiento tan extrema que sin una ayuda psicológica serán incapaces de alejarse de la espiral de violencia en la que han sido absorbidas. Por eso no denuncian, retiran las querellas, o a pesar de mantenerlas se quedan junto al maltratador.

No caiga usted en la incomprensión de esta conducta y aunque le cueste, intente practicar la empatía con estas actitudes, porque sólo así, podrá ayudarlas. A mi me gustaría pedirle que ponga en marcha Unidades de Violencia de género que coordinen sus esfuerzos para apoyar a estas mujeres, y que cuenten con psicólogos y asistentes sociales especializados en este tema. ¡que ellas noten que la sociedad las ampara y las protege y eso les de la fuerza necesaria para huir de sus circunstancias!

El otro gran pilar de su ministerio es la Ley de la Igualdad, una ley revolucionaria que hasta ahora no ha cambiado nada. Aquí se va a enfrentar a un tema espinoso, porque la mayoría de los españoles considera que no hay motivos para desconfiar de una igualdad garantizada por la Constitución y refrendada por la Justicia. Y sin embargo, los datos caminan por diferente camino, y nos hablan de precariedad de empleo, de salarios inferiores, de retrasos al límite de la fecundidad para ser madres o de incompatibilidades entre nuestra vida familiar y nuestra profesión.

Querida Bibiana, no le va a resultar fácil abordar una desigualdad que es compleja y etérea, establecida por barreras invisibles pero profundamente ancladas en nuestra sociedad. ¡Como negar que la igualdad proclamada por nuestra Consitución está lejos de ser real en el fondo de las relaciones hombre-mujer! Nos queda un largo recorrido para llegar a una paridad real. Usted nos tendrá que ayudar con políticas de concienciación social, de educación y de formación a la población para que seamos capaces de establecer relaciones de reciprocidad e igualdad en las diversas facetas de nuestra vida.

Existe un horizonte donde probablemente su Ministerio carezca de competencias porque no tengamos necesidad de él. Ojala usted consiga acercarnos a él.

Buenos días y Buena suerte,